Neus Català: “Hicimos el juramento de que mientras viviéramos denunciaríamos lo que era el fascismo”

No sé muy bien por qué, pero hoy me he acordado de una persona muy, muy especial que tuve el placer de conocer y entrevistar en Els Guiamets, su pueblo natal, hace casi dos años. Su nombre es Neus Català y es la última superviviente española del campo de exterminio nazi de Ravensbrück, el mayor campo de mujeres del III Reich.

Os dejo la entrevista, tal y como la dejé ese 7 de enero de 2013.

 

neus catalaCon 97 años – ahora 99 – y fiel al juramento que hicieron todos los deportados al ser liberados, Neus sigue explicando su historia y también la de las más de 92.000 mujeres que no lograron salir con vida de ese infierno nazi. Sobrevivir era una suerte, pero conllevó una responsabilidad: Ninguna historia debía caer en el olvido.

P. ¿Qué destacaría de su infancia en Els Guiamets?

R. Mi infancia fue muy feliz en este pueblo tan pequeñito, mis padres eran campesinos y me gustó la tierra, pero a los 20 años ya dije basta. ¿Qué iba a hacer? ¿Casarme? ¿Tener hijos? Y se acabó. Y yo desde pequeña le decía a mi madre: “quiero ver el mundo”. Y mi padre era un revolucionario de ideas muy avanzadas, así que me crié ya sin que me impusieran nada… ¡y eso era una suerte para la mujer de aquellos tiempos! Y yo ya nací rabiosa.

P. ¿Cómo vivió el estallido de la Guerra Civil?

R. Yo debía de tener veinte años y estaba estudiando como enfermera por libre, no quería la vida aquí, no hay ningún horizonte. Cuando estuvo todo un poco apaciguado por el gobierno republicano ya me marché a Barcelona y allí me mandaron a una colonia de 190 niños en Premià de Dalt. Y con ellos pasé la frontera, por el bosque. Yo siempre les decía que fueran hacia delante y que iban a encontrar a sus padres, pero que no tenían que cogerlos los fachas.

P. ¿Cuál fue el papel de las mujeres en la lucha antifascista y en la deportación?

R. No se ha reconocido pero fue primordial: era quien llevaba la tierra, quien llevaba las fábricas, quien llevaba las escuelas… las mujeres tuvieron que hacer frente a todo y no se les ha reconocido, y nosotras tampoco hemos pedido.

Yo me refugié en Francia, me casé con un francés, nos pusimos en la resistencia, nos cogieron, nos denunciaron y fuimos a parar al campo de la muerte; porque aquello no eran campos de concentración, aquello eran campos para matar gente.

P. ¿Recuerda algún momento como el peor en el campo de Ravensbrück?

R. Yo tuve muy buena moral, si alguna vez lloraba – porque no voy a decir que yo era más superior que los demás – que no lo supiera nadie.

El peor recuerdo que tengo, de todo lo que vi, es que tenía una vieja amiga que era viejecita, muy católica ¡y era comunista, fíjate! Éramos tan amigas, tan amigas… Un día estábamos en el Appellplatz por la mañana y me la sacaron y pensé: “ya está, le van a hacer algo”, efectivamente, me la mataron. No sé qué le hicieron pero me dijeron “si quieres verla está entre aquellas dos casas de allá abajo”. Y allí estaba, abierta en cruz.

P. Después fue trasladada al comando de trabajo de Holleschein en Checoslovaquia, donde fueron obligadas a trabajar en la industria de armamento del ejército nazi… ¿cómo se ganaron allí otra deportada y usted el apodo de Blancanieves y los siete mecánicos?

R. Yo tuve suerte, a pesar de todo yo siempre he dicho que he tenido suerte. Nos llevaron a Checoslovaquia para trabajar en la fábrica de armas y cuando nos lo dijeron le dije a una francesa muy amiga mía, que se llamaba Blanca: “Blanca, podemos hacer sabotaje”. Íbamos Blanca-Nieves siempre juntas y hacíamos sabotaje.

neus catalaP. ¿Cómo lo hacían?

R. Hacíamos balas antiaéreas, las primeras 10.000 o 5.000 las dejábamos pasar, después empezábamos a escupir a la bala: entre la pólvora y el detonador primero escupíamos, poníamos aceite en la máquina, la estropeábamos.

P. ¿Recuerda cómo vivió el día de la liberación del campo?

R. Yo no sentí nada. Salí afuera, me arrodillé, besé la tierra y me fui a llorar al camastro. Sabía que mi marido no había vuelto – estaba en un preso como yo –, tenía a mis padres que vivían en un sitio muy peligroso, mi hermano estaba en la cárcel… Tenía todo eso encima. Pero de todas maneras siempre tuve suerte, vino un español de México del ejército americano que nos cuidó mucho, escribió a nuestras familias inmediatamente y eso a mis padres les ayudó mucho.

P. Y cuando supo que España no estaba liberada de la dictadura ¿qué sintió?

R. Una gran decepción ¿cómo se libera a toda Europa y dejan a España con la porquería?

P. Los ex deportados a campos nazis hablan de un juramento, de la responsabilidad que conlleva haber sobrevivido ¿Por qué es necesario que historias como la suya no caigan en el olvido?

R. Es muy importante porque hay mucha gente que no sabe lo que puede ser un fascismo y los deportados nos hemos movilizado para que no se vuelva a repetir. No somos bastantes pero creo que hemos hecho lo que hemos podido para que la gente lo sepa, España lo sabe, ese era nuestro deber. Todos hicimos el juramento de que mientras viviéramos denunciaríamos lo que era el fascismo.

P. ¿Ha vuelto a Ravensbrück?

R. Sí, cada cinco años hay un peregrinaje.

P. ¿Y qué siente cuando vuelve?

R. No me gusta… Una vez viendo los crematorios pensaba en una compañera mía que la habían tirado viva al fuego y sin darme cuenta casi me caigo, menos mal que me agarró mi hija.

P. Después de haber padecido los horrores del nazismo ¿a qué le ha tenido miedo en la vida?

R. ¿Miedo? A nadie. No se puede vivir con el miedo, hay que ser prudente pero miedo no hay que tener.

P. ¿Hay algo que siga guardando para sí misma?

R. No creo que lo haya contado todo porque mi vida es muy larga, pero no hay nada que me haya guardado. Yo quiero contarlo, pero ahora nosotros ya somos viejos… ¿Qué voy a hacer yo en Els Guiamets? Si tuviera fuerzas, aunque tengo 97 años – ahora tiene 99 –, haría como antes, no estaría aquí. Pero lo que no puede ser, no puede ser.

un cel de plom

 

 

Una vida imposible de contar en una entrevista… y una entrevista imposible de explicar en un post. Así que ya que estoy os recomiendo leer Un cel de plom (Cenizas en el cielo), la historia de Neus Català novelada por Carme Martí.

One Response to “Neus Català: “Hicimos el juramento de que mientras viviéramos denunciaríamos lo que era el fascismo”

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